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FAbrizio Porrozzi, apodado "Tío" por una broma de su sobrino Federico, ha fotografiado el Campeonato Mundial de MotoGP durante más de 40 años. Comenzó en Vallelunga acompañando a su hermano periodista, pasando de fotografías ingenuas con una cámara réflex a la fotografía profesional en 1980.
El siguió 500 cc, MotoGP, Superbike, trial, rallies africanos; única falta: la TT a la Isla de Man, lo cual quiere hacer en un plazo de dos años.
Él vivió la transición de lo analógico a lo digital.Con rollos de 36 exposiciones (máximo 180 fotos por competición) seleccionaba 2-3 intentos por toma; luego, desde 1999, adoptó escáneres digitales portátiles Nikon y transmisiones a través de acoplador acústico (20-25 min/foto de 300 KB).
Costos telefónicos exorbitantes (19 millones de liras por 5 fotos de Japón) colapsó con CompuServe a 100 dólares/año. Colaboró 12 años con Gigi Soldano, otra figura histórica en el paddock.
Ddurante el Covid ha digitalizó sus archivos.
Desde 1980 lo ha visto todo: las dos mitades, la llegada de lo digital, las expediciones africanas. Con la cámara analógica tomó cinco rollos de 36 exposiciones. Y pensaba en cada clic; hoy produce miles de imágenes cada fin de semana. Recordaba los días en que las fotos se enviaban por módem acústico, veinte minutos para un archivo de 300 KB y facturas de 19 millones de liras. 1999 era entre los primeros para pasar a digital, intuyendo su potencial.
Él trabajaba con Ducati durante 25 años, con Pirelli, y en sociedad durante más de una década con Gigi Soldano. Vivía cerca La época dorada de Valentino Rossi y la más compleja de Max Biaggifotografiar la velocidad como un gesto, no como una imagen borrosa.
Entre los recuerdos más vívidosTroy Bayliss, un verdadero amigo, y el campeonato mundial que ganó en Imola con Biaggi. Admitió haber tenido un par de sustos, como en Brno, cuando una moto lo adelantó a escasos centímetros. Le encantan dos circuitos: Laguna Seca y Phillip Island, «donde el mar y el viento marcan la diferencia». Durante la pandemia, redescubrió su archivo y el valor del tiempo. «Este trabajo», dijo, «solo se puede hacer durante un tiempo si uno se divierte. De lo contrario, es imposible».